El Diván

Lo que saben los niños

Los más pequeños viven muy cerca del misterio de la vida y, a su manera, construyen respuestas para las preguntas más fundamentales de su existencia

Lo que saben los niños
Los adultos suelen adoptar el papel del ‘que sabe’ frente a los niños. (Liderina / Getty Images/iStockphoto)

A veces, los adultos vemos a los niños como seres que no saben y a quienes hay que enseñar. Sin embargo, en nuestras propias vidas somos conscientes de lo poco que sabemos y de lo inútil que puede ser el saber estándar para resolver los problemas que se nos presentan como más importantes y como un misterio para cada uno. Pero aún así, frente a un niño olvidamos nuestras propias carencias y adoptamos el papel de quien tiene las respuestas para todo. El papel del que sabe.

Ellos –los niños– viven muy cerca del misterio de la vida y, a su manera, construyen respuestas para las preguntas más fundamentales de su existencia. Si sus conjeturas nos parecen extrañas es porque no sabemos ver hasta qué punto son intentos genuinos de pensar a partir de sus propios recursos y su propia experiencia. Sólo si sabemos acoger esto como un saber podremos ayudarles en sus esfuerzos de entender, no el mundo en general, sino su mundo.

Confesiones infantiles

Hace poco un niño, de unos cinco años, me confió un sueño: “No sé si fue un sueño o fue realidad” – me dijo. Agachada para ponerme a su altura, le dije que lo importante era que lo había tenido y los efectos que ese sueño/realidad tenían en él. Enseguida añadió: “No sé si estoy triste o enfadado”. Esto le llevó a hablar de los miedos que tenía, a veces por la noche, pero sobre todo cuando se encontraba en la sala de su casa, donde de repente su temor le asaltaba en forma de un animal imaginario muy peculiar. Finalmente, sus fantasías demostraron contener algo del saber de este niño respecto a sí mismo y a su Otro, el Otro familiar, específicamente. Mediante aquellas representaciones aparentemente extrañas, hacía visibles algunas de las preguntas más importantes sobre su relación con sus padres, los deseos de estos para con él, los suyos propios. Cosas tan misteriosas para él como, en el fondo, para los adultos que le rodean.

Otro niño, muy enganchado a los videojuegos, me dice de repente algo que puede parecer muy extraño, que no esperaríamos oír de un niño y que no coincide con lo que nos gustaría “enseñarle”: que el amor y la violencia son lo mismo. Y añade que, como los seres humanos abusamos del amor, acabamos odiándonos y siendo violentos los unos con los otros. Me interesé en lo que me decía, en sus analogías, en sus explicaciones, en sus dudas sobre el amor que hubiera debido ser la razón de su nacimiento, sobre los sentimientos de sus padres hacia él y de él hacia ellos. Los videojuegos en los que se apoya, y la narración que con que los acompaña le sirven para pensar lo que ha vivido desde que nació y que lo marcó para siempre. Su Otro, negligente, pero a la vez demasiado presente, lo asfixia con su presencia, pero también con su ausencia. Vida y muerte se dan la mano para él en esos juegos. Pero lo que con ellos hace, lo que piensa, no es un juego.

Tomar en serio a los niños

Cuando se trabaja con niños, en psicoanálisis, depositamos el saber en el niño, a él se lo suponemos. Así encontraremos las coordenadas para ayudarle a ordenar su mundo y su Otro, partiendo de sus propios términos. Hemos de ir de su mano, incluso dejar que nos muestre el camino. Y, sobre todo –esto es lo decisivo– tomar verdaderamente en serio sus palabras. Tan en serio como serios son ellos cuando juegan.

En el trabajo con niños se trata sobre todo de “educar” al Otro, de elucubrar de la mano del niño un saber –hecho a su medida– del que pueda servirse para hacer frente, por ejemplo, a un Otro incoherente, intolerante, ausente, que puede dejarlo sin orientación. Cuando el Otro asfixia al niño en cuestión se trataría de hacer que ese Otro retroceda, tome distancia para ofrecerle a ese niño un respiro. Y esto solo es posible escuchando al niño para, con él, tejer y destejer tanto los decires del Otro como sus propias palabras. En ello radica la invención y la escucha seria y atenta que puede marcar, en la vida de un niño, una diferencia.

Claudia González es psicoanalista en Barcelona y en Sant Boi de Llobregat. @claudiagnzlz