Cambios en Rusia

Mishustin, burócrata digital, empieza a dar forma a la transición de Putin

El nuevo primer ministro de Rusia recibe el visto bueno de la Duma

Mishustin, burócrata digital, empieza a dar forma a la transición de Putin
Mijaíl Mishustin es un tecnócrata sin aparente ambición política (AP)

La transición vertical de Vladímir Putin comenzó ayer a tomar forma con la confirmación oficial de Mijaíl Mishustin como nuevo primer ministro de Rusia. Funcionario gris de 53 años que ha hecho carrera entre los despachos de la administración pública y el gobierno rusos, tiene ahora que formar un equipo de gobierno y presentárselo al presidente ruso. El gabinete sustituye al de Dimitri Medvédev, el escudero de Putin que el miércoles presentó la dimisión después de que el presidente propusiera cambios constitucionales que en el 2024, cuando le toque dejar el Kremlin, le podrían permitir seguir al mando.

Mishustin ha dirigido en los últimos años el Servicio Federal de Impuestos, y a él se le atribuye la modernización de la Hacienda rusa, que ha pasado de ser una entidad descoordinada y que funcionaba prácticamente a pedales a convertirse en una institución metida de lleno en la era digital que le corresponde. No en vano en estos dos días de sorpresas se ha subrayado el interés del nuevo premier por la digitalización. Exagerando, alguien podría llegar a decir que es un friki , pero sin llegar a tanto el exministro de Finanzas Alexéi Kudrin, que hoy dirige el Tribunal de Cuentas, ha asegurado que el nuevo jefe del Gobierno siente “el pulso de la digitalización” y la tecnología y entiende su importancia en el mundo de los negocios y de la economía.

Falto de ambición política, el nuevo premier ha sido compañero de hockey sobre hielo de Putin

De hecho, en las biografías que ayer reproducían todos los medios rusos se destaca que después de licenciarse en la Universidad Tecnológica de Moscú (Stankin), en los años noventa dirigió el Club de Computación Internacional, un laboratorio de pruebas informáticas.

Entre 1998 y 1999 fue subdirector del Servicio Federal de Impuestos, lugar al que volvería en el 2010 como director después de trabajar ­como viceministro de Impuestos y Gravámenes, de dirigir la Agencia Estatal de Catastro o de trabajar en la empresa privada.

Ayer fue un día de trámites. Vladímir Putin firmó su nombramiento después de que se sometiera al examen de la Duma. Con una mayoría aplastante del partido gubernamental Rusia Unida, no había dudas de que pasaría el examen y recibiría el visto bueno de la Cámara Baja del Parlamento. Salió del palacio de Ojotni Riad con nota más que alta: 383 diputados votaron a favor mientras que 41, todos del opositor Partido Comunista, decidieron abstenerse. Nadie votó en contra.

Aunque por su puesto sin duda se le llegará a considerar como un posible sucesor de Putin, todos los expertos sostienen que a este tecnócrata le faltan aspiraciones políticas. Una falta de ambición que podría venir bien a los planes de Putin para llevar a cabo una transición tranquila. A Mishustin se le compara con Mijaíl Fradkov o Víktor Zubkov, primeros ministros de paja de la pasada década.

Como le falta peso político, ya se le están buscando vínculos con el poder. Hay uno claro, y es que es aficionado al hockey sobre hielo y ha jugado hombro con hombro con Putin. Pero han aparecido otros muy dudosos, como cuando ayer se le atribuían cualidades de poeta y compositor. En los medios se publicó que ha escrito la letra y la música para uno de los cantantes más famosos de Rusia, Gregori Leps, extremo desmentido por el representante del artista como “rumores”.

Con estas incógnitas se pone en marcha la pequeña revolución que anunció Putin este miércoles, cuando en su discurso del estado de la nación propuso introducir una serie de reformas a la Constitución que redistribuyen algunos de los poderes del presidente que le sustituya en el 2024, cuando termina su último mandato, entre el Parlamento y el primer ministro. Nadie supone que Putin va a optar por la jubilación y el olvido. Al contrario, parece que prepara un escenario para seguir manejando los hilos aunque no sea desde el Kremlin.